Pieles son los cueros de los animales pilíferos, que
son tratados en las curtiembres, para conservar el pelo natural, haciéndolos impermeables
y resistentes.
El uso de las pieles animales ha
sido siempre un tema candente en la industria de la moda. Y más en 2015, cuando
posicionarse a favor o en contra es una
elección personal en la que se mezclan el dinero, la ética y la moda.
La piel animal no es comparable a ningún otro material: no hay otro tejido que divida la opinión
pública tan acaloradamente.
Un mediodía de 1996, Anna Wintour (directora
artística de Condé Nast International y directora de Vogue USA) estaba comiendo en
el restaurante del Four Seasons de Nueva York. Pero el camarero -un activista
camulflado- no le llevó ni una ensalada ni uno de esos steaks que su alter ego
Miranda Priestly encargaba a diario en El
diablo viste de Prada, sino un plato con mensaje: un mapache
muerto. Se dice que Wintour puso la servilleta sobre el animal y pidió un café.
Veinte años después, el 73%
de los desfiles Otoño Invierno 2015
celebrados en Nueva York, Londres, Milán y París, han incluido pelo animal.
El número
de octubre de Glamour prende la mecha en el kiosco: Fur o No Fur? Desde la
portada, con la top Shlomit
Malka como defensora de los animales y también contando con todas las
perspectivas que participan en esta cuestión. Los diseñadores Roberto Etxeberria y Adolfo Domínguez, y la
modelo Verónica Blume,
dan su opinión en uno de los botones rojos de mayor actualidad.
Pongamos
en contexto este tema tan delicado:
A un lado, la piel animal como una
fuerza económica. Es un negocio que genera 40 mil millones de dólares al año,
con 117.000 empresas especializadas y que da empleo a más de un millón de
personas en todo el mundo, según datos de la International Fur Trade Federation (IFTF,
que resperenta a las distintas asociaciones y organizaciones nacionales de la
industria de la piel animal). Un negocio que además está en crecimiento, ya que
en los últimos años las ventas de piel animal en el mundo se han duplicado,
pasando de 15,6 billones de dólares en 2011 a 35,8 billones de dólares en 2013,
según un estudio de IFTF. Algunas marcas, incluso, ensalzan su regreso como
tendencia: Fendi (que
debutó en la Semana de Alta Costura en París el pasado mes de julio con una
colección "haute
fourrure"), Michael
Kors, Jean Paul Gaultier, y Jeremy Scott en Moschino son buenos
ejemplos de ello en las últimas temporadas.
Al otro lado del ring, los
defensores de los derechos de los animales y
activistas anti-pieles, que denuncian
la crueldad y falta de ética de muchas empresas que acaban con 50 millones de animales al año.
Pero en esta lucha de poderes, hay
un tercer agente. En el medio encontramos algunas marcas y diseñadores que han
convertido los avances tecnológicos en una
nueva filosofía mindfulness
aplicada a sus colecciones, en la
que los materiales fake son
un bien muy cotizado.
LOS QUE DICEN SÍ
Si alguien dudaba que la piel animal está de nuevo de moda, solo hay que mirar los desfiles de Otoño Invierno 2015 para corroborarlo. Marcas como Fendi o Michael Kors se alejan del prejuicio de diseño antiguo en el universo de las pieles e incluyen visón, zorro y mapache en looks más jóvenes y más casual.
Mención especial merece precisamente Fendi. La marca italiana, bajo la dirección creativa de Karl Lagerfeld, ha convertido algunos de sus artículos de visón y zorro en objetos de deseo en la comunidad fashionista. Desde que en 2012 Cara Delevingne desfiló con 'Karlito', un charm de tamaño XL para su línea de bolsos y un mini-yo de Lagerfeld, el complemento se ha convertido en uno de los best-sellers de la marca. Con un precio que superaba los 1.500 euros, 'Karlito' tuvo listas de espera en las tiendas Fendi, así como en Neiman Marcus y Bergdorf Goodman.
Si alguien dudaba que la piel animal está de nuevo de moda, solo hay que mirar los desfiles de Otoño Invierno 2015 para corroborarlo. Marcas como Fendi o Michael Kors se alejan del prejuicio de diseño antiguo en el universo de las pieles e incluyen visón, zorro y mapache en looks más jóvenes y más casual.
Mención especial merece precisamente Fendi. La marca italiana, bajo la dirección creativa de Karl Lagerfeld, ha convertido algunos de sus artículos de visón y zorro en objetos de deseo en la comunidad fashionista. Desde que en 2012 Cara Delevingne desfiló con 'Karlito', un charm de tamaño XL para su línea de bolsos y un mini-yo de Lagerfeld, el complemento se ha convertido en uno de los best-sellers de la marca. Con un precio que superaba los 1.500 euros, 'Karlito' tuvo listas de espera en las tiendas Fendi, así como en Neiman Marcus y Bergdorf Goodman.
El boom de los 'Bug Bags' (así se
llaman Karlito y sus versiones) arrastró a celebrities, modelos y trendsetters
como Kendall Jenner
o Gigi Hadid,
y ha revalorizado el estilo de iconos icontestables de la moda como Kate Moss (que
habitualmente lleva chaquetas de pelo de zorro, aunque también pieles falsas) u
Olivia Palermo.
Pero, ¿qué hay sobre las
afirmaciones de maltrato y abuso a los animales? La
industria de las pieles argumenta que las
condiciones del mercado han cambiado, con la implementación de nuevas
regulaciones en el trato a los animales. "Los ganaderos
que producen en EE.UU. tienen el bienestar de los animales como su prioridad
más alta", declaraba recientemente en una entrevista Michael Whelan, director
ejecutivo de la Comisión por las Pieles en EE.UU. "La mitad de nuestro
presupuesto se va en la investigación animal y en lo que es mejor para los
animales", añadía. Según Saga
Furs, la primera casa de subastas de pieles a nivel europeo (a
través de ellos pasa la mayor parte de compra-venta de pieles del continente),
las granjas de producción de piel animal son inspeccionadas habitualmente por
auditores independientes y han establecido un programa de certificación que
amplía los estándares que tienen muchos países respecto al trato animal, así
como un sistema de
seguimiento que permite rastrear una piel desde la granja que la ha producido.
Los principales productores de
peletería a nivel mundial son Dinamarca
(con el 28% de la producción global), China y Finlandia. Así, agentes
como la moda, las celebrities y los consumidores se inclinan a favor del uso de
pieles, y sin embargo muy pocos quieren hablar públicamente sobre el tema.
LOS QUE DICEN NO
Frente a estos argumentos, el principal agente contra las pieles es la fundación PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) que vela por los derechos de los animales en todo el mundo. "La industria de las pieles es un negocio sin regulación, inexplicable y sin ética", explica Mimi Bekhechi, director de la organización en Reino Unido. "Los animales son asesinados de las maneras más horrorosas, a menudo con electrocuciones anales o vaginales, gaseados o envenenados. Los animales que están en libertad, son cazados con trampas que les rompen los huesos de las piernas. Algunos sufren durante días, y mueren lentamente de hambre, sed, enfermedades, hemorragias o predadores", añadía.
Frente a estos argumentos, el principal agente contra las pieles es la fundación PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) que vela por los derechos de los animales en todo el mundo. "La industria de las pieles es un negocio sin regulación, inexplicable y sin ética", explica Mimi Bekhechi, director de la organización en Reino Unido. "Los animales son asesinados de las maneras más horrorosas, a menudo con electrocuciones anales o vaginales, gaseados o envenenados. Los animales que están en libertad, son cazados con trampas que les rompen los huesos de las piernas. Algunos sufren durante días, y mueren lentamente de hambre, sed, enfermedades, hemorragias o predadores", añadía.
La cría de animales en granjas
para peletería está prohibida en algunos países como Austria, Croacia o
Inglaterra, y Suiza tiene unas políticas muy restrictivas al respecto. ¿Y las
marcas?
En 1994 Calvin Klein dejó de
diseñar ropa con pelo animal natural después de una reunión que
el propio Klein mantuvo con algunos miembros de PETA. Poco después emitió un
comunicado afirmando que ciertas prácticas en la producción de pieles ya no
encajarían con la filosofía de la empresa. Ralph Lauren se convirtió en fur-ree en 2006
y Tommy Hilfiger siguió sus
pasos en 2007, también después de ciertas presiones por parte
de PETA. Otras marcas como American
Apparel o Topshop
se han sumado al Free Alliance's Fur Free
Retailer Program.
El último en decir no a la
utilización de pieles es Hugo
Boss, que hace unas semanas confirmaba una nueva etapa en la
compañía. Para
2016 quieren convertirse en una marca fur-free y aunque
la marca aún trabaja con productos animales, ha asegurado que reducirá la
utilización de lana y angora.
MARCAS FUR FREE: ÉTICA Y TAMBIÉN
RETO
Posiblemente la marca fur-free más relevante en la industria de la moda sea Stella McCartney. Vegetariana convencida, ecologista y militante de PETA, la diseñadora no utiliza ningún producto animal en sus diseños. "La decisión de no utilizar cuero ni pelo animal, no es solamente porque no como animales o porque piense que millones de animales no deberían de ser matados para beneficiar a la moda. Es porque también creo en la conexión entre las pieles y el cuero con el medio ambiente", explica la diseñadora.
En sus colecciones utiliza materiales reciclados, telas orgánicas y tejidos eco en lugar de cuero, ante o pelo animal, con una calidad tan alta que ha creado algo que podríamos llamar el "lujo verde". Una manera de entender la moda y el mundo en el que vivimos desde una perspectiva más respetuosa. A esta apuesta por la moda con conciencia pertenece una de las diseñadoras más prometedoras del momento. Se llama Hannah Weiland y en tan solo dos años ha conseguido colocar su marca, Shrimps, como un referente de la piel sintética de lujo.
Posiblemente la marca fur-free más relevante en la industria de la moda sea Stella McCartney. Vegetariana convencida, ecologista y militante de PETA, la diseñadora no utiliza ningún producto animal en sus diseños. "La decisión de no utilizar cuero ni pelo animal, no es solamente porque no como animales o porque piense que millones de animales no deberían de ser matados para beneficiar a la moda. Es porque también creo en la conexión entre las pieles y el cuero con el medio ambiente", explica la diseñadora.
En sus colecciones utiliza materiales reciclados, telas orgánicas y tejidos eco en lugar de cuero, ante o pelo animal, con una calidad tan alta que ha creado algo que podríamos llamar el "lujo verde". Una manera de entender la moda y el mundo en el que vivimos desde una perspectiva más respetuosa. A esta apuesta por la moda con conciencia pertenece una de las diseñadoras más prometedoras del momento. Se llama Hannah Weiland y en tan solo dos años ha conseguido colocar su marca, Shrimps, como un referente de la piel sintética de lujo.
"Desde que lancé Shrimps en
2013 me he encontrado con una fascinante conversación acerca de las pieles
falsas", contaba la diseñadora en una entrevista. Weiland decidió
utilizarlas por una serie de razones: creencias personales, el precio y la
mayor creatividad que permiten otros materiales. Alérgica al pelo animal
natural, tiene una gran conciencia del impacto de esta industria en el mundo
animal. "Sin embargo,
no juzgo a quienes las llevan. Las pieles se han llevado
durante siglos, por motivos climatológicos y también de moda. Pero dadas las capacidades de la tecnología
moderna, ahora puedes producir piel falsa con el mismo nivel de suavidad,
calidad y calidez que las reales, lo que convierte el tema de
las pieles extraídas de animales mucho más complejo". Entre sus clientas
VIP ya hay nombres importantes en la moda como Natalie Massenet (fundadora del primer
portal de compras de lujo, Net-à-porter.com) y Laura Bailey (modelo y embajadora cultural
del British Fashion Council). ¿Más seguidoras? Alexa Chung, Poppy Delevingne o Emma Roberts.
Y de un negocio a otro: el principal escollo con el que se enfrentan marcas como Shrimps es dar con fábricas capaces de crear este material, con un nivel de calidad tan alto y en cuyo tacto no haya rastro de aspereza y rugosidad, y que se consiga a un precio mucho más asequible para el cliente final.
"En definitiva, no creo que las pieles falsas sean una tendencia. Es un estilo de vida que los clientes y los compradores de las tiendas van acogiendo poco a poco", añade Weiland.
Y de un negocio a otro: el principal escollo con el que se enfrentan marcas como Shrimps es dar con fábricas capaces de crear este material, con un nivel de calidad tan alto y en cuyo tacto no haya rastro de aspereza y rugosidad, y que se consiga a un precio mucho más asequible para el cliente final.
"En definitiva, no creo que las pieles falsas sean una tendencia. Es un estilo de vida que los clientes y los compradores de las tiendas van acogiendo poco a poco", añade Weiland.




